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sábado, 4 de enero de 2014

Lecturas del año 2013 (Primera Parte)

Finalmente, como propósito de año nuevo, he decidido volver a escribir de forma más regular en el blog. Tengo muchos planes para este año y entre ellos puedo mencionar volver a practicar el oficio de escribir. Siempre he sido de la idea de que para ser un buen escritor, primero se debe ser un buen lector porque una cosa no se desconecta de la otra. Cuando uno ejerce su rol de lector se da cuenta fácilmente si algo está bien escrito o no, por lo que se vuelve en una habilidad de suprema importancia cuando uno revisa los frutos de su propio trabajo.

De entre todos los factores, estoy seguro, al menos al escribir estas palabras, que mi mayor lucha ha sido por lograr la constancia. Apartar ese tiempo especial para dedicarlo solamente a escribir y dejar plasmadas esas múltiples ideas que surgen de la interacción cotidiana, de las historias que me cuentan mis viejos y mis abuelos y hasta de las historias que uno, a veces sin querer, escucha de los otros pasajeros en el microbús en el que viajo los fines de semana a Masatepe.
Deseo iniciar entonces el año compartiéndoles esas ideas que se quedaron anotadas por ahí, producto de mis lecturas del año 2013. Fue un año muy lleno de trabajo de oficina, diseñando edificios y torres de telecomunicación y debido a ese ajetreo no pude leer todos los libros que me había propuesto como tarea, pero no puedo decir que tampoco fue malo desde el punto de vista de las obras leídas.
Los dejo entonces con la primera parte de las notas de lectura del año 2013.

1.      LA VIDA DE PI (YANN MARTEL)
La Vida de Piscine Molitor Patel llegó a muchos de nosotros como una película de tremendos efectos especiales dirigida por Ang Lee. Luego de verla primero en una sala convencional y luego con la tremenda tecnología del 3D, en una de las salas de cine de Managua, me decidí a emprender su lectura mientras estudiaba un curso en Columbia, Missouri. En la Universidad de Columbia, curiosamente, adoran a su “mascota” que resultó ser nada más y nada menos que un tigre. Platicando un día con mi jefe, le conté que de tigres no sabía mucho (nada más había escuchado numerosas veces el lema “Go Tigers!” que repetían incansablemente en los medios locales haciendo referencia a los equipos de fútbol americano o baloncesto del Alma Máter local) pero que durante los últimos días había estado leyendo el libro de Martel.
Realmente me gustó. Acá las frases que más me gustaron.
Los científicos son gente simpática, atea, trabajadora, amante de la cerveza, que sólo piensa en el sexo, el ajedrez y el béisbol, cuando no está pensando en la ciencia.
No tengo nada que decir acerca de mi vida laboral, sólo que una corbata no es más que una soga, y por muy invertida que esté, acabará por colgar a un hombre si se descuida.
Hay una gran recompensa para el ojo que observa y el oído que escucha.
He oído casi tantas tonterías acerca de los zoológicos como acerca de Dios y la religión.
¿Alojarte en el Ritz con servicio a las habitaciones gratis y acceso ilimitado a un médico o estar sin techo y sin nadie que se preocupe por ti? Lo que ocurre es que los animales son incapaces de semejantes discernimientos.  
Soy consciente de que los zoológicos ya no están bien vistos. La religión tiene que hacer frente al mismo problema. Los dos están plagados de ciertas ilusiones referentes a la libertad.
La repetición es un factor esencial, no sólo para adiestrar a los animales, sino también a los humanos.
 Si nuestros políticos fueran como estas cabras y rinocerontes, este país no tendría tantos problemas.
¡Qué enfermedad más terrible la que es capaz de matar a Dios en un hombre!
Si Cristo pasó una noche entera de angustia rezando, si gritó desde la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», no cabe duda de que a nosotros también se nos permite dudar. Pero hay que progresar. El hecho de escoger la duda como filosofía de vida es como elegir la inmovilidad como forma de transporte.
El animal más peligroso de un zoológico es el Hombre.
La obsesión de colocarnos en el centro de todo es la ruina tanto de los teólogos como de los zoólogos.
La vida se defenderá por muy pequeña que sea. Todos los animales son feroces y peligrosos.
Todo ser vivo tiene un grado de locura que lo induce a actuar de formas extrañas, a veces inexplicables. Esta locura puede ser su salvación; forma parte de la capacidad de adaptarse. Sin ella, no sobreviviría ninguna especie.  
Los animales que huyen de un zoológico no son criminales fugitivos peligrosos, sino meras criaturas salvajes que pretenden integrarse.
Los animales socialmente inferiores son los que hacen esfuerzos más grandes y más ingeniosos para conocer a sus cuidadores. Resultan ser los más fieles, los más necesitados de su compañía, los que menos conflictos o problemas les supondrán.
Los hindúes, por su capacidad de amar, son cristianos sin pelo, igual que los musulmanes, por su forma de ver a Dios en todo, son hindúes con barba, y los cristianos, por su devoción a Dios, son musulmanes con sombrero.
Los católicos son harto conocidos por su severidad, por su dureza a la hora de juzgar.
¿Por qué iba a someterse Dios a algo así? ¿Por qué no dejar la muerte para los mortales? ¿Por qué tuvo que ensuciar lo que era bello, estropear la perfección? Por amor.
Eso es un Dios como dios manda: brillante, poderoso y fuerte. Un Dios capaz de rescatar y salvar y aniquilar el mal.
Este Hijo es un dios que sólo tardó tres horas en morir, entre quejas, suspiros y lamentos. ¿Qué clase de dios es éste? ¿Qué es lo que inspira este Hijo?
¿La higuera tiene la culpa de que los higos no estuvieran en temporada? ¿A quién se le ocurre castigar así a una pobre higuera, hacer que se marchite al instante?
Desafío a cualquiera que comprenda el Islam, a su espíritu, a que no lo ame. Es una religión maravillosa de fraternidad y devoción.
Los musulmanes nos quedamos con el milagro esencial de la existencia. Los pájaros que vuelan, la lluvia que cae, la cosecha que crece. Ya nos parecen milagros suficientes.
—Bapu Gandhi dijo que todas las religiones son ciertas.
Lo único que quiero es amar a Dios
El campo de batalla principal del bien no es el espacio abierto de una arena pública, sino el pequeño claro que hay en el corazón de cada uno.
La tecnología ayuda y las ideas innovadoras se propagan: son dos leyes de la naturaleza. Si no dejas que la tecnología te ayude, si te resistes a las ideas innovadoras, te acabas condenando a una forma de vida prehistórica.
La gente se cambia de país porque la ansiedad la acaba desgastando. Porque le corroe la sensación de que por mucho que trabaje, sus esfuerzos serán infructuosos, y que lo que ha construido durante un año será derribado por otros en un solo día. Porque ven un futuro atascado y aunque ellos tal vez salgan ilesos, sus hijos no. Porque creen que nada va a cambiar, que la felicidad y la prosperidad no son alcanzables sino en otro lugar.
«Ciertamente, hay en ello signos para gente que razona.»
Nil magnum nisi bonum. No existe grandeza sin bondad.
Hay que aceptar la vida como venga y sacarle el mejor partido posible.
Te diré una cosa: emborracharte con alcohol es vergonzoso, pero emborracharte con el agua es tan noble como eufórico.
Superaré esta pesadilla. Sobreviviré, cueste lo que me cueste. Hasta ahora lo he conseguido, de milagro. Ahora convertiré el milagro en rutina. Lo increíble será mi pan de cada día. Haré el trabajo que haga falta, por muy duro que sea. Sí, porque siempre que Dios esté a mi lado, no moriré. Amén».
Quisiera decir algunas palabras acerca del miedo. Es el único y auténtico adversario de la vida. Sólo el miedo puede vencer a la vida.
El miedo, que no es más que una impresión, ha triunfado sobre ti.
Prusten es el más silencioso de los gritos de los tigres, una especie de resoplido que expresa simpatía e intenciones inofensivas.
>Escruté el horizonte a mi alrededor. ¿No nos encontrábamos en medio de una pista perfecta, ineludiblemente redonda, sin un solo rincón en el que pudiera esconderse? Miré el mar. ¿No tenía una fuente ideal de comida para condicionarlo a obedecer? Me percaté de un silbato que colgaba de uno de los chalecos salvavidas. ¿No me serviría de látigo para tenerlo a raya? ¿Qué me faltaba para domar a Richard Parker? ¿Tiempo? Posiblemente tendría que esperar semanas antes de que me avistara un buque. Tenía todo el tiempo del mundo. ¿Resolución? No hay nada como una situación extrema para llenarte de resolución. ¿Conocimientos? ¿No era hijo de director de zoológico? ¿Recompensa? ¿Existe recompensa mayor que la vida? ¿Existe castigo peor que la muerte? Miré a Richard Parker. El pánico se había desvanecido. El miedo estaba dominado. La supervivencia estaba a mi alcance. Que suenen las trompetas. Que redoblen los tambores. Que empiece el espectáculo.
La ignorancia es el peor médico, mientras que el descanso y el sueño son los mejores enfermeros.
La sangre de tortuga es una bebida buena, nutritiva y sin sal; la carne es sabrosa y llena mucho; la grasa puede utilizarse de varias maneras; y el náufrago se deleitará con sus huevos. Vigile el pico y las garras.
El espíritu, por encima de todo, es lo que cuenta. Si tiene la voluntad de vivir, lo conseguirá. ¡Buena suerte!
Aprecié mi sufrimiento por lo que realmente era, algo finito e insignificante, y me calmé. Mi sufrimiento no tenía cabida en ninguna parte, comprendí. Y era capaz de aceptarlo. No pasaba nada. (La luz del día solía incitar mis protestas: «¡No! ¡No! ¡No! Mi sufrimiento sí importa. ¡Quiero vivir! Es inevitable que confunda mi vida con la del universo. La vida es una mirilla, un mero agujerito que da a una inmensidad. ¿Cómo no voy a pensar en esta perspectiva tan breve y apretujada que tengo de las cosas? ¡Si esta mirilla es lo único que tengo!»)
«La necedad tiene un precio muy alto. La próxima vez ándate con ojo y sé más prudente».
Lo que más me impresionó no fueron los reflejos sino la seguridad animal pura, la concentración total en el momento. Esta mezcla de soltura y absorción, este «estar en el presente», hubiera sido la envidia de los yoguis más entrenados.
Tenía dieciséis años, era un chico inofensivo, ávido de la lectura y religioso, y ahora tenía las manos manchadas de sangre. Es una carga terrible. Toda vida sensible es sagrada. Nunca me olvido de incluir a ese pez en mis oraciones.
Más adelante descubrí que el dorado es célebre por aquella iridiscencia que presagia su muerte inminente.
Una persona puede acostumbrarse a todo, hasta a matar.
El tiempo no es más que una ilusión que nos hace suspirar. Sobreviví porque me olvidé incluso de la noción del tiempo.
La fe en Dios consiste en abrirse, en dejarse ir, en una confianza profunda, un acto libre de amor.

2.      EL CONDE DE MONTECRISTO (ALEXANDRE DUMAS)
—Mi padre es demasiado orgulloso, señor Morrel, y aunque hubiera carecido de lo más necesario, dudo que pidiera nada a nadie, excepto a Dios.
El oficio alimenta al hombre.
Siempre es bueno tener fe, cuando uno va a casarse.
Créeme, Fernando: no es batirse con un hombre el medio de agradar a la mujer que le ama.
No soy orgulloso, sino feliz, y la felicidad ciega algunas veces más que el orgullo.
—Siempre tiene uno prisa por ser feliz, porque quien ha sufrido mucho, apenas puede creer en la dicha.
¡Ay de los que no gustan del vino!, tienen algún mal pensamiento, y temen que el vino se lo haga revelar.
La ausencia separa a las personas casi mejor que la muerte.
El que odia no se engaña en los sentimientos de los demás.
Siempre tuve más miedo a una pluma y a un tintero, que a una espada o a una pistola.
Decididamente el vino es un traidor, que hace ver visiones.
Danglars era uno de esos hombres calculistas que nacen con una pluma detrás de la oreja y un tintero por corazón.
¿Cómo cree que en política haya asesinatos? En política, querido mío, y vos lo sabéis tan bien como yo, no hay hombres, sino ideas; no sentimientos, sino intereses; en política no se mata a un hombre, sino se allana un obstáculo.
Muchas veces importa a los gobiernos que un hombre desaparezca sin dejar rastro alguno.
Dios es el último recurso. El desgraciado que debería comenzar por él, no llega a implorarle sino después de haber agotado todas sus esperanzas.
Las oraciones para el hombre que es dichoso son a veces palabras vacías de sentido, hasta que el dolor viene a explicar al infortunio ese lenguaje sublime con que nos habla Dios.
Tras el suplicio viene la muerte, y la muerte es, si no el reposo, la insensibilidad, que se le parece mucho.
Entonces el preso se reprendió a sí mismo por no haber ocupado en aquella manera las largas horas que había perdido esperando, rezando y desesperándose. Eran cerca de seis años que llevaba en el calabozo. ¿Qué trabajo no hubiera podido acabar por lento que fuese?
Nuestro mismo instinto nos advierte que lo natural y lo sencillo es no apartarnos de la línea del deber. El tigre que se alimenta de sangre, y cuyo destino es bañarse en sangre, sólo necesita que le indique su olfato dónde hay una presa que devorar. Al punto se abalanza contra ella y la destroza. Este es su instinto, obedece a él, pero al hombre, por el contrario, le repugna la sangre, y no creáis que son las leyes sociales las que le prohíben el asesinato, no, que son las leyes de la Naturaleza.
—En Roma tenía una biblioteca de cerca de cinco mil volúmenes, y a fuerza de leerlos y releerlos comprendí que con ciento cincuenta obras elegidas con inteligencia, se posee, si no el resumen completo del saber humano, lo más útil tan siquiera.
Dios ha dado al hombre la inteligencia para remediar la pobreza de sus sentidos;
Así como es necesaria la presión para hacer estallar la pólvora, así el infortunio es necesario también para descubrir ciertas minas misteriosas ocultas en la inteligencia humana.
La civilización nos ha creado necesidades, vicios y falsos apetitos, cuya influencia llega tal vez a ahogar en nosotros los buenos instintos, arrastrándonos al mal. De aquí esta máxima: Para descubrir al culpable, averiguad quién se aprovecha del crimen.
Los tigres y cocodrilos de dos pies son más temibles que los otros.
La filosofía es el matrimonio entre las ciencias y el genio que las aplica. La filosofía es la nube resplandeciente en que puso Dios el pie para subir a la gloria.
La culpa no era de Dantés, sino de la naturaleza, que haciendo tan limitado el poder del hombre, le ha puesto deseos infinitos.
—Es extraño que sólo se encuentre la amistad y el desinterés entre hombres semejantes.
No basta ser hombre honrado, para prosperar en este mundo.
¡Y un hombre, un cristiano, ha muerto de hambre en medio de otros hombres que como él se creían cristianos! ¡Imposible! ¡Oh, eso es imposible!
—Tanto mayor cuanto que Dios no se ha mezclado en nada; los hombres únicamente tienen la culpa de todo.
Adiós. Me voy lejos de los hombres, que tanto mal se hacen unos a otros.
Los peligros ignorados son justamente los que infunden mayor terror.
Bueno es saber algo de todo, porque lo primero es vivir.
Aprovechemos el presente y olvidémonos por ahora del futuro.
Cuando se hace ver a un amigo una ciudad que uno ya conoce, se usa de la misma coquetería que para enseñarle la mujer a quien se ama;
En España y en Italia, sobre todo, no juzguéis jamás de la intimidad de las personas por lo expresivo de los cumplimientos.
Hay cierta afinidad entre las personas que se separan y las que se reúnen.
En la vida sólo hay una preocupación: la de la muerte.
Aquel en que la sociedad, atacada por la muerte de un individuo en la base sobre la cual se asienta, venga la muerte con la muerte.
El odio y la cólera ofuscan la mente, y el que toma la venganza por su mano se expone a beber un amargo brebaje.
Cuando se viaja es por instruirse, cuando se cambia de lugares es para ver.
Lo más curioso que hay en la vida es el espectáculo de la muerte.
¡Oh, los hombres!, raza de cocodrilos, como dice Karl Moor —exclamó el conde extendiendo los puños hacia toda la turba—, ¡qué bien se os conoce en eso, y qué dignos sois en todo tiempo de vosotros mismos!
Llevad dos carneros o dos bueyes al matadero, y haced comprender a uno de ellos que su compañero no morirá. El carnero balará de gozo y el buey mugirá de placer. Pero el hombre, el hombre que Dios ha creado a su imagen, el hombre a quien Dios impuso por primera, por única, por suprema ley, el amor al prójimo, el hombre a quien ha dado una voz para expresar su pensamiento, ¿cuál será su primer grito al saber que su compañero se ha salvado? Una blasfemia. ¡Oh!, ¡honor al hombre, a esa obra maestra de la naturaleza, a ese rey de la creación!
Yo no me ocupo nunca de mi prójimo, no procuro nunca proteger a la sociedad que no me protege, y diré aún más, que no se ocupa generalmente de mí, sino para perjudicarme, y retirándoles mi estimación y guardando la neutralidad frente a ellos, es aún la sociedad y mi prójimo quienes me deben agradecimiento.

»—Todas las revoluciones tienen sus catástrofes

Todo mal tiene dos remedios, El tiempo y el silencio.
Ahora bien, a mí me agradan los fantasmas, nunca he oído decir que los muertos hayan hecho en seis mil años tanto daño como los vivos en un solo día.
—Sabed, señor mayordomo —dijo—, que todo está siempre en venta para quien lo paga bien.
Según dice el sabio, en la duda, abstente.
Conócete a ti mismo, sustituido en nuestros días por el arte menos difícil y más ventajoso de conocer a los demás.
Tobías tomaba al ángel que debía devolverle la vista por un joven cualquiera. Las naciones tenían a Atila, que debía aniquilarlas, por un conquistador como todos, y fue necesario que ambos revelasen sus misiones celestiales para que se les reconociera; fue preciso que el uno dijese: «Soy el ángel del Señor», y el otro: «Soy el azote de Dios», para que fuese revelada la esencia divina de entrambos.

Los reinos de los reyes están limitados, por montañas, por ríos, por cambios de costumbres, o por diversidad de lenguaje. Mi reino es grande como el mundo, porque no soy italiano, ni francés, ni indio, ni americano, ni español; soy cosmopolita. Ningún país puede decir que me ha visto nacer.

Comprendéis que no siendo de ningún país, no pidiendo protección a ningún gobierno, no reconociendo a ningún hombre por hermano mío, no me paralizan ni me detienen los escrúpulos que detienen a los poderosos o los obstáculos que paralizan a los débiles.

Siendo débil la naturaleza humana…, todo hombre, según vuestro parecer, ha cometido… faltas.

Sois superior a los demás, pero Dios es superior a vos. —Superior a todos, caballero —respondió Montecristo con un acento tan profundo, que Villefort se estremeció involuntariamente—. Yo tengo mi orgullo para los hombres, serpientes siempre prontas a erguirse contra el que las mira y no les aplasta la cabeza. Sin embargo, abandono este orgullo delante de Dios, que me ha sacado de la nada para hacerme lo que soy.

Quiero ser la Providencia, porque lo más bello y grande que puede hacer un hombre es recompensar y castigar».

No es el árbol el que abandona a la flor, sino la flor la que abandona al árbol.

Con el opio, la belladona, el hachís, procuran en sueños la felicidad que Dios les ha negado en realidad; con la falsa angustura, el leño colubrino y el laurel, adormecen a los que quieren.

El hombre no será perfecto hasta que sepa crear y destruir como Dios.

Para ser un gran químico en Oriente es preciso saber dirigir la casualidad, así es como se obtienen los más difíciles resultados.

«Hijo mío, el mundo no se hizo en un día, sino en siete. Volved, pues, el domingo».

Los orientales son más sabios que nosotros en punto a conciencia, y han suprimido prudentemente el infierno.

En primer lugar es menester que sepáis que la palabra veneno no existe, puesto que en medicina se sirven de los venenos más violentos, que llegan a ser remedios saludables por la manera con que son administrados.
Estoy convencidísimo de que cualquier clase de grano que en él se siembre, produce inmediatamente su fruto.
Ese encanto indefinible que es en la mujer lo que el perfume en la flor, lo que el sabor en la fruta; porque no todo en una flor es el ser bonita, ni en una fruta el ser hermosa.
Quiero conservar las ilusiones que tengo aún sobre los insectos; bastante es el haber perdido las que tenía sobre los hombres.

Cada hombre tiene su pasión, lo mismo que cada fruta su gusano;

Habiendo llegado a cierto grado de fortuna, nada es más necesario que lo superfluo, así como convendrán estas damas en que llegando a cierto grado de exaltación, ya nada hay más positivo que lo ideal.

Bien dicen los filósofos, no hay nada como tener una buena fortuna.

Un capitalista apesadumbrado es lo mismo que los cometas, presagia siempre una desgracia más en el mundo.

—¡Por casualidad! —repuso Villefort—; ¡no, no, señora, no existe la casualidad!

Una querida se la puede dejar cuando uno quiere; ¡pero a una esposa, demonio!, eso es otra cosa: preciso es quedarse con ella eternamente, teniéndola cerca o lejos, y sería horrible tener que quedarse con la señorita Danglars siempre, aunque fuese de lejos.

Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse.

Algunas veces, como dice Hamlet, el ruido de las cosas más fuertemente escondidas sale de la tierra, y, como los fuegos fosforescentes, corren por el aire; pero son llamas que iluminan un instante.

La mujer es sagrada y la que se ama es santa.

EL JESUITA - (SOBRE EL PAPA FRANCISCO) (Sergio Rubin, Francesca Ambrogetti)
   
«Amarás al extranjero como a ti mismo» (Levítico 19: 34).

Llegará un día, pensé, en que cada uno reconozca su hermandad con el prójimo.

Continuaría viajando en colectivo o en subterráneo y dejando de lado un auto con chofer.

Estoy orgulloso de usted, porque cuando venía para acá con mis compañeros en colectivo lo vi sentado en uno de los últimos asientos, como uno más; se lo dije a ellos, pero no me creyeron.»

«entregado» a dos sacerdotes de su orden que trabajaban en una villa de emergencia a un comando de la Marina durante la última dictadura militar, cuando era el provincial de los jesuitas en la Argentina.

A hombres y mujeres que quieren encontrar sentido a sus vidas,



LOS HERMANOS KARAMAZOV (FIÓDOR DOSTOYEVSKI)

El hombre original es, en la mayoría de los casos, un individuo que se aísla de los demás. ¿No es cierto?

Nada más natural que el insensato que ignora su locura pretenda realizar cosas superiores a su poder. El débil habla de los grandes pesos que levanta; el tímido, de los gigantes que ha vencido; el pobre, de los tesoros que maneja; el más humilde campesino se llama Júpiter.

Las ideas no mueren, señor, se adormecen de vez en cuando, pero despiertan más fuertes que antes».

Ahora ya comprendéis que nada es más fácil que cubrirse de una máscara, con ayuda de la cual se sorprenden los secretos de las personas, y quitársela después para perder a los que se han fiado de vos.

—Los amigos de hoy son enemigos mañana.


La vida es tan incierta, que la felicidad debe aprovecharse en el momento en que se presenta.


**** CONTINUARÁ.....

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