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lunes, 27 de julio de 2015

El jardinero fiel (Clarissa Pinkola Estés)

Cuando comencé a leer "El Jardinero Fiel" de la Doctora Clarissa Pinkola Estés parecía, desde el inicio, estar sumergiéndome en las aguas transparentes y sabias de un Conocimiento más grande que la longitud de sus páginas cortas.

Les comparto en esta ocasión las ideas que más me impactaron de este libro que les recomiendo leer de la Doctora Pinkola Estés.

¿Acaso no creemos en un Dios que ama los cuentos? ¡Por eso precisamente, si no fuera por nosotros, Dios se sentiría solo! No debemos defraudar a Dios… Así pues, ¡ahora hay que contar un cuento, otro cuento!».
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«Estáis equivocados. Los nazis y sus colaboradores no eran de Alemania. Gyáva népnek nincs hazája. Los cobardes no son de ningún país.
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…seguía creyendo que la tierra era un ser vivo, con sus propias esperanzas, necesidades y sueños.
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Como todos los demás campesinos, había ido a la escuela del campo, no a la escuela del maestro con gafas.
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¿Qué significa vivir con la experiencia de una guerra y los recuerdos de la misma dentro de uno? Significa vivir en dos mundos. Uno de ellos busca la esperanza mientras el otro se siente desesperanzado. Uno busca algún sentido a lo sucedido mientras el otro está convencido de que el único sentido de la vida es que la vida carece por completo de sentido.
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—A veces la gente pregunta: «¿Dónde está el jardín del Edén?». ¡Vaya! El Edén está en este mundo, dondequiera que nos hallemos nosotros. Toda esta tierra al completo, bajo las vías del tren y las carreteras, bajo su gastada superficie, bajo los cascotes, bajo todas estas cosas, es el jardín de Dios… tan lozano como el día en que fue creado.
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Así fue como comprendí que esta tierra, de la que dependía nuestro alimento, nuestra existencia, nuestro descanso y nuestra posibilidad de descubrir la belleza, tenía que ser tratada de la misma manera en que deseamos tratar a los demás y a nosotros mismos. Cualquier cosa que le ocurra a ese campo también nos ocurre en cierto modo a nosotros.
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—Si uno es pobre y carece de árboles, es la persona más necesitada del mundo. Si uno es pobre y tiene árboles, es inmensamente rico en algo que el dinero no puede comprar. Los árboles, decía, no saldrían si se plantaran semillas en la tierra.
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hachmasat orchim. Significan «hospitalidad», especialmente con los forasteros.
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Mi tío dijo que era una bendición acoger al forastero, dar consuelo al caminante y muy en especial al viajero cansado. —De la misma manera que la risa hospitalaria aguarda un chiste con el que poder expresarse, de la misma manera que los moribundos se muestran hospitalarios en la confiada espera del Único, así también la tierra se muestra hospitalaria y acogedora, tal como corresponde a un verdadero anfitrión.
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—Ya lo verás, gracias a la impresionante hachmasat orchim de esta tierra, aquí ocurrirá un prodigio.
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«Al igual que los gitanos cuando la caravana se pone en marcha, aunque abandonen un lugar conocido para dirigirse a un lugar desconocido, nadie está triste».
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Y todo aquello lo habían hecho unas manos llenas de esa clase de amor que ansía sorprender y deleitar a los niños.
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Aunque creamos estar siguiendo el mapa correcto, Dios decide de pronto levantar el camino y colocarnos en otro lugar! ¡Eso es exactamente!
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»Ah —suspiró el abeto—, de entre todo lo que se levanta y cae y vuelve a levantarse, sólo el amor a una nueva vida, sólo este amor, es el que perdura. Ahora estoy en todas partes. ¿Veis hasta dónde llego?».
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No hay nada que no tenga valor. Todo se puede utilizar para algo. En el jardín de Dios, toda persona y todas las cosas tienen una utilidad.
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«Vete a llorar a los campos porque allí tus lágrimas os harán bien tanto a ti como a la tierra».
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Y, lo que es más sorprendente todavía, que la nueva vida llegará tanto si uno quiere como si no. Por mucho que cada vez se la intente arrancar, cada vez volverá a echar raíces y a reimplantarse.
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¿Qué es aquello que jamás puede morir? Es aquella fuerza fiel que nace en nuestro interior, la que es más grande que nosotros, la que atrae la nueva semilla hacia los lugares abiertos, maltrechos y estériles de tal manera que pueda volver a arraigar en nosotros. Esta fuerza, en su insistencia, en su lealtad a nosotros, en su amor por nosotros, en su acción casi siempre misteriosa, es mucho más grande, mucho más majestuosa y mucho más antigua que cualquier otra fuerza que jamás se haya conocido.
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Se derramaron sobre la tierra las suficientes lágrimas como para que se la pudiera declarar bautizada como Dios manda.
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Hay yerbabuena, menta, yanica y otras hierbas, todas ellas muy bien desarrolladas, como si la naturaleza amara no sólo lo medicinal sino también lo bello.
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La vida se repite y se renueva por muchas veces que se la apuñale, se la despoje de todo, se la arroje al suelo, se la dañe y ridiculice, se la desprecie y se la mire por encima del hombro, se la torture o se la deje indefensa
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Cualquier actividad a la que entreguemos nuestros días podría ser lo menos importante que hagamos si no comprendemos al mismo tiempo que hay algo que permanece a la espera de que le abramos el camino, algo que está a nuestro lado, algo que ama y espera a que preparemos el terreno apropiado para que manifieste su presencia en toda su plenitud.
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Los tíos son para los niños algo así como gigantes.

1 comentario:

pablo dijo...

El Jardinero Fiel - Clarissa Pinkola Estés