sábado, 9 de febrero de 2013

La magia y la belleza de la guitarra clásica

La nota de esta semana la dedico a la guitarra clásica. Gracias a mis muchas horas de escucha de la desaparecida Radio Güegüense aprendí a apreciar a Tárrega y al magnífico Andrés Segovia, seguro que también he disfrutado a Manuel Barrueco. Luego mi amigo Juancito Domínguez, conocido como Juancito Tiradora (de cariño por una canción de Carlos Mejía Godoy) me obsequió una copia del concierto de John Williams en Sevilla. Excelente música. Excelente regalo.
La música de guitarra clásica me conmueve profundamente por la habilidad técnica y la sensibilidad que transmiten sus más altos exponentes. Hoy me puse a investigar y encontré el obituario de Andrés Segovia que publicó el New York Times (NYT) el 4 de junio de 1987. No se si existirá alguna versión en español de esto pero por si acaso no acá trabajé un resumen del artículo escrito por Donal Henahan según el sitio web del NYT.


Andrés Segovia muere a los 94 años: su cruzada por una guitara elevada. por Donal Henahan

Andrés Segovia el maestro de la guitarra que fue uno de los máximos concertistas del siglo, falleció de un ataque al corazón el martes en Madrid. Tenía 94 años.
El 8 de abril, 3 días antes de un recital que tenía programado en Carnegie Hall, el músico español fue ingresado en el Hospital Cabrini en la Ciudad de New York debido a algunas "irregularidades en su corazón". Lo que faltaba de su gira por Estados Unidos fue cancelado, se le implantó un marcapasos y voló de regreso a España.
Segovia fue la figura pivote cuya crusada en favor de la guitarra clásica dejó una huella en la historia de la música.
Objeciones Parentales. Cuando decidió tomar la guitarra a pesar de las objeciones de su padre en su nativa villa de Linares en el sur español, el prestigio de la guitarra como instrumento musical estaba por los suelos. Mucho tiempo antes de su fallecimiento el músico español logró ver a la guitarra instalada en la currícula de las escuelas de música y los conservatorios más importantes y él mismo se convirtió en un ídolo para millones que tomaron el instrumento para convertirse en intérpretes, concertistas o coleccionistas de grabaciones.
La promoción que logró de la guitarra se puede comparar con la influencia similar que lograron intérpretes como Paganini (con el violín), Liszt (con el piano), Casals (con el cello) y Landowska (con el clavecín). Asi como ellos lo hicieron antes con sus propios instrumentos, Segovia dejó en la guitarra un instrumento más rico en técnica, en repertorio y en estima del público. 
Sus metas en la  vida
Cuanto cumplió 75 años expresó cuales habían sido sus metas en la vida en una entrevista que brindó al New York times. dijo: "Primero, redimir mi guitarra del flamenco y esas otras cosas. Segundo, crear un repertorio -sabes que casi todos los buenos compositores de nuestro tiempo han escrito obras para guitarra para mí o alguno de mis pupilos - . Tercero, Yo quise crear un público para la guitarra. Ahora, yo lleno las salas más grandes de los teatros de todos los países y  al menos un tercio de la gente que asiste son jóvenes - Me siento muy honrado de robárselos de artistas como los Beatles. Cuarto, estaba decidido a hacer todo lo posible para que la guitarra tomara un puesto respetado en las grandes escuelas de música junto con el piano, el violín y otros instrumentos de concierto".
Muchos de los libros tienen información contradictoria acerca de su fecha de nacimiento. Segovia dijo que fue el 21 de febrero de 1893. Su padre era abogado, quería que su hijo siguiera sus pasos en el derecho y se horririzó al darse cuenta que a una edad temprana el niño se había enamorado de la guitarra. Las lecciones de cello y Piano no tuvieron éxito para apartarlo del instrumento tradicional español. Su padre, según recordaba muchos años después el propio Segovia, rompió dos o tres de sus guitarras antes de darse por vencido en su intento por romper el encanto que la guitarra ejerció en el joven. la guitarra en esa época era un instrumento que solamente era tocado en bares por los gitanos, tenía, sin embargo, un poco de tradición reconocida en la comunidad flamenca y de otros populares dialectos e idiomas. Segovia, sobre las objeciones de sus profesores en el Instituto de Música de Granada, donde fue enviado a estudiar, se dispuso a redescubrir el pasado clásico de la guitarra. Incapaz de encontrar un maestro, se guió a sí mismo y recordaría con una sonrisa pintada en sus labios años más tarde que "hasta el día de hoy, el maestro y sus pupilos nunca tuvieron una disputa seria".
Basando sus estudios técnicos mayormente en su propia intuición y lo que pudo aprender de los métodos del virtuoso y también su maestro de la guitarra del siglo 19 Francisco Tárrega, Segovia se desarrolló rápidamente convirtiéndose en un músico consumado y brillante intérprete con una capacidad técnica deslumbrante.
Debutó en Granada en 1909 a los 16 años y pronto se hizo conocido en toda España. A los 22 años apareció en un recital en el Conservatorio de París y su éxito lo llevó a una gira de conciertos por Suramérica.
Cuando regresó a Europa en 1923, había mucha gente con deseos de escucharlo. Su début oficial en París en 1924, fue presenciado por la élite musical de la ciudad y fue una sensación. En esa época, pocos habían escuchado a Bach interpretado en una guitarra, y las interpretaciones de Segovia de sus propias transcripciones de la música de Bach fueron una revelación de su talento y del potencial del instrumento.
Si desean más pueden leer el artículo completo en inglés al final de esta entrada. Por ahora les comparto la traducción de algunas de las frases que se le atribuyen, que nos dejan entrever su pensamiento y filosofía de vida.

Acerca del valor del trabajo duro, dijo:

"Practico solo 5 horas al día, no más. El trabajo es necesario y es un placer. Es como esas viejas pinturas de la escalera de Jacob con ángeles subiendo y bajando, subiendo los peldaños uno a uno aunque  tienen alas"

Sobre el poder de la guitarra para ser escuchado en salones grandes, dijo:
"Mi amigo que es filósofo estaba hablando a sus estudiantes en un gran salón y uno le dijo que no lo podía escuchar. "Muy bien", dijo el filósofo, " hablaré más bajo entonces".

Acerca del costo de su guitarra dijo:
"Una guitarra tiene valor pero no precio".

Acerca de la música moderna dijo:
"Desafortunadamente pienso que la música está en declive. Todo el arte necesita redimirse.

Lo que no le gustaba acerca de su rutina tocando la guitarra:
"Tengo que estar presente en cada nota que toco"

Sobre su esposa, Emilia:
"Ella fue mi pupila por 12 años antes de convertirse en mi maestra"

Sobre su pesado programa de trabajo a una edad avanzada:
"Tendré toda la eternidad para descansar"



De bono unos vídeos que encontré en Youtube.







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A continuación el texto original en inglés, como fue copiado del sitio:
https://www.nytimes.com/learning/general/onthisday/bday/0221.html/  (Accesado el 2-9-2013)


Expanding the Repertory
Leading 20th-century composers, most of them close friends of Segovia, wrote for his instrument. Roussel, Ibert, Falla, Villa-Lobos, Casella, Castelnuovo-Tedesco, Poulenc, Britten, Ponce, Turina, Rodrigo, Moreno Torroba, Berkeley, Arnold, Henze, Martin, Walton, Hindemith, Rawsthorne and Bennett are some who wrote pieces either for Segovia or for his disciples, such as the Englishman Julian Bream and the Australian John Williams. Segovia encouraged the writing of concertos for guitar as well as solo works and performed these concertos with many of the world's great symphony orchestras. His own transcriptions fleshed out the solo repertory and today constitute a large part of the music available to the classic guitarist.
New York first heard Segovia on Jan. 8, 1928, when he gave a recital at Town Hall that included music by Bach, Haydn, Sor and Tarrega. In a review of the debut in The New York Times, Olin Downes described the already famous 34-year-old guitarist this way:
''The appearance of Mr. Segovia is not that of the trumpeted virtuoso. He is rather the dreamer or scholar in bearing, long hair, eyeglasses, a black frock coat and neckwear of an earlier generation.''
The reviewer, astonished by the variety of tone colors and the expressive effects that Segovia could call out of his soft-voiced instrument, added this judgment: ''He belongs to the very small group of musicians who by transcendental power of execution, by imagination and intuition create an art of their own that sometimes seems to transform the very nature of their medium.''
The 'Segovia Hush'
Although his New York recitals were given for years in such relatively intimate places as Town Hall, Segovia moved in the 1960's to Carnegie Hall and to Philharmonic Hall (now Avery Fisher Hall). Some of his dedicated followers deplored this decision, but Segovia's art proved able to communicate to audiences of several thousand. The phenomenon known as the ''Segovia hush'' fell over any hall in which the aging artist appeared, and he was proud of his ability to hold large audiences in breathless silence. He also could grow impatient when, on occasion, a few persistent coughers and program-rustlers proved immune to his magic. At such times he would frown over his thick glasses (he underwent detached-retina surgery in the late 1960's) or take out his handkerchief, cover his mouth and cough soundlessly into it to offer a hint to the insensitive.
Recordings played a large role in Segovia's success. He said late in life that his first record, made in London for HMV ''sometime around 1926,'' still paid him an occasional small royalty. In fact, few Segovia records stayed out of print: more than a dozen could be found in the catalogues at any time during the last 20 years of his life. In this country his records appeared chiefly on the Decca label for years and more recently under the imprint of MCA, Decca's successor, and RCA.
An Invariable Triumph
Among the dozens of memorable works in his recorded repertory are his transcriptions of Bach's lute music and works for violin and cello; his transcriptions of lute suites by Sylvius Leopold Weiss; concertos by Castelnuovo-Tedesco, Villa-Lobos and Ponce; transcriptions of piano pieces by Granados and Albeniz, and guitar works by Sor, Tarrega, Moreno-Torroba, Roussel, Castelnuovo-Tedesco, Tansman and Turina.
One of his invariable triumphs over the years was Bach's Chaconne, which he contended had originally been written for lute or guitar rather than unaccompanied violin. Many musicians who disagreed with that idea still found his performances amazingly persuasive in their harmonic richness and contrapuntal clarity.
Segovia's American career had been started in 1928 when Fritz Kreisler, the Viennese violinist, urged F. C. Coppicus of the Metropolitan Musical Bureau to present the guitarist in New York. After more than a decade of success, Segovia broke off his tours in the United States because of the outbreak of the Spanish Civil War in 1936. He left his home in Spain and lived for a time in Genoa, Italy, and in Montevideo, Uruguay. He toured Central and South America during this period but did not return to the United States until 1943, when the impresario Sol Hurok undertook to rebuild his popularity, often by guaranteeing local managers against loss. Before long the name Andres Segovia was in an elite bracket along with such box-office stars as Rubinstein, Heifetz and Horowitz.
Casals Arranged Paris Debut
Unlike his countryman Pablo Casals, who refused for many years to return to Spain in protest against the Franco regime, Segovia adopted an aloofness from politics. For some years he lived in New York City in an Upper East Side apartment as well as in Switzerland, but he regularly returned to play in Spain. ''I need to touch the earth of my homeland periodically to receive new energy,'' he said.
Segovia's relations with Casals were once warm: it was the cellist, already a renowned musician, who arranged for the young guitarist's formal debut in Paris in April 1924, a famous event whose audience included such artists as Manuel de Falla and Paul Dukas. They came to hear the unknown Spaniard largely at the insistence of Casals. However, Segovia lost the friendship of the Catalan cellist during the Spanish Civil War by refusing to cut himself off from his native country, which he continued to visit throughout the Franco regime. Unlike Casals, he returned there to live after World War II, his rationale being that he loved his country too much to abandon it for the sake of a political gesture.
Teaching to the End
In recent decades Segovia conducted master classes in the guitar at Santiago de Compostela in Spain, as well as in music schools and universities all over the world. This March he conducted such classes at the Manhattan School of Music and at Carnegie Hall. He also taught for many years in Siena, Italy, at the Accademia Chigiana, a music school housed in a villa owned by his friend, Prince Chigi. Study with Segovia became a virtual necessity for aspiring guitar virtuosos and came to be regarded as a seal of approval internationally. His students included Julian Bream, John Williams, Christopher Parkening, Alirio Diaz, Oscar Ghiglia and dozens more.
Segovia's first marriage ended in divorce in 1951. In 1961 he married a 22-year-old guitarist, Emilia Corral Sancho, a student of his. Their son, Carlos Andres, now 17, was born when Segovia was 77 years old. A son, Andres, and a daughter, Beatrice, by his first wife were born more than half a century before Carlos Andres. He once told an interviewer, ''I am more celebrated for being a father than an artist.'' Segovia built a home for his new family on a hilltop in southern Spain, between Malaga and Granada, and in his last active years severely reduced his concert activity, cutting back to some two dozen recitals a season from the 100-odd appearances he made each year until he was well into his 70's.
He is survived by his wife and two sons, Andres and Carlos Andres.
ARTIST WITH WORDS, TOO
A gracious, Old Worldly man with a liking for poetic language, Andres Segovia was a fount of picturesquely phrased wisdom and comment. Here are some examples.
On the value of hard work:
I practice only five hours a day, no more. Work is necessary and a pleasure. It is like those old paintings of Jacob's Ladder with angels climbing up and down, rung by rung - although they have wings.
On young conductors:
For most of them the academy has been the mirror and the gramophone.
On the power of the guitar to be heard in large halls:>
My friend who is a philosopher was speaking to students in a great hall and one said he could not hear. 'Very well,' said the philosopher, ''I will speak lower.''
On the cost of his guitar:
A guitar has value but no price.
On modern music:
Unfortunately, I think music is declining. All art is in need of redemption.
On flamenco guitarists:
I like very much the true flamenco, which is played with heavy fingers, roughly but from the soul. But flamenco has departed from the good simple tradition. The flamencos should not be professionals.
On his hatred of routine playing:
I have to be present at every note I play.
On his wife, Emilia:
She was my pupil for 12 years before she became my master.
On continuing a heavy schedule into old age:
I will have an eternity to rest.

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